Las Miradas en Misa: 3 Cosas que Ofrecer a Dios Antes de Dejar de Asistir por la Culpa
- Armonia Católica
- Nov 20, 2025
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La Misa y la Montaña Rusa de Emociones
Si eres padre o madre, conoces esta escena: Estás en Misa, intentando orar, y de repente, tu hijo grita. O llora. O corre por el pasillo.

Inmediatamente, sientes el calor subir, la vergüenza te inunda y, sí, sientes las miradas. Esas miradas silenciosas que parecen decir: "¿No puedes controlarlo?"
Déjame decirte algo crucial: No estás sola. Esas miradas duelen y a veces nos dan ganas de quedarnos en casa para no pasar la pena. Pero antes de que cedas a la culpa y dejes de asistir a la Fuente de la Vida, recuerda esta verdad: Dios ve tu corazón, no la perfección de tus hijos.
Tu familia es un regalo de Dios, y a Él le encanta que estés allí con todos ellos, sí, incluso con tus bebés ruidosos. Tu sacrificio no pasa desapercibido.
El Verdadero Problema: La Lucha entre el Ruido Humano y la Presencia Divina
Tu dolor no es solo por el ruido; es porque sientes que estás fallando en el lugar más importante. Crees que el ruido de tu hijo ofende a Dios o distrae a los demás.
La Verdad Central: La Eucaristía es el sacrificio de Cristo. Es lo más importante que haces en la semana. El ruido humano es ruido; la presencia de Jesús en el Sagrario es Real. Tu trabajo no es tener niños perfectos; es estar presente y llevar a tu familia ante la presencia de Dios.
3 Cosas que Debes Ofrecer a Dios Antes de Dejar de Asistir
En lugar de ceder a la vergüenza, toma esos momentos de frustración y úsalos como una ofrenda poderosa.
1. Ofrece el Sacrificio de la Vergüenza y la Humillación
Este es el sacrificio más difícil, pero el más santificador.
La Acción: Cuando sientas la mirada o la crítica, identifica la vergüenza que sientes. En lugar de huir, ofrece esa humillación directamente a Jesús. Di mentalmente: "Señor, acepto esta vergüenza y este sentimiento de fracaso como una pequeña penitencia por mis pecados y por amor a Ti."
Por Qué Es Poderoso: La humildad es la base de toda virtud. Estás transformando un momento de angustia social en un acto de fe pura, demostrando que tu deseo de recibir a Jesús es más fuerte que tu necesidad de aprobación humana. Dios valora este sacrificio.
2. Ofrece el Sacrificio de la Misa Incompleta
Tu Misa, con interrupciones y viajes al baño, SÍ cuenta.
La Acción: Acepta que, por ahora, tu participación en Misa será imperfecta. Acepta que solo escucharás el 10% de la homilía o que rezarás solo una parte de la Consagración mientras sostienes a tu hijo. Lo que ofreces es tu INTENCIÓN.
Por Qué Es Poderoso: La Misa es eficaz ex opere operato (por el hecho mismo de realizarse). No depende de tu nivel de concentración. Al ofrecer tu Misa "incompleta", le demuestras a Dios que amas Su Voluntad más que tu comodidad. Estás poniendo la Eucaristía primero.
3. Ofrece el Ruido y el Caos de tus Hijos por las Almas
Tu familia, con su desorden, puede ser una herramienta de intercesión.
La Acción: Cada vez que tu hijo llore, grite o se comporte mal, úsalo como un recordatorio para hacer una oración jaculatoria (una oración corta).
Ejemplo: Tu hijo llora → “Señor, te ofrezco esta frustración por las almas del Purgatorio.”
Ejemplo: Tienes que salir → “Jesús, te ofrezco esta salida por la conversión de un familiar.”
Por Qué Es Poderoso: Estás re-dirigiendo la energía negativa del estrés hacia un propósito sobrenatural. Ya no es una distracción inútil; es un trabajo espiritual activo que glorifica a Dios y beneficia a otros.
Un Mensaje Final de Aliento: Tu Presencia Es Un Regalo
Esas miradas duelen y son injustas, pero no dejes que el juicio humano te aleje de la fuente de la gracia. El lugar donde estás parado, lidiando con tus hijos, es un acto heroico de fe.
Lo que haces: Modelas la importancia de Dios para tus hijos, les das la gracia de la Presencia Real, y obtienes las gracias sacramentales para ti.
¿Qué hacer con las miradas? Ora por esas personas. Ora para que tengan la caridad de entender que tu lucha de hoy podría ser la de ellos mañana. Y recuerda: el Sacerdote y Jesús en el Sagrario están felices de que estés allí.
Pregunta para Reflexionar:
¿Cuál de estas tres ofrendas (la vergüenza, la Misa incompleta o el ruido de tus hijos) vas a empezar a ofrecer a Dios en la Misa de este Domingo?
Si este mensaje te ha ayudado a sentirte menos sola y te ha dado paz, ¿lo compartirías con alguien que pueda estar pasando por esto?




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